La heroicidad del fútbol en 3 minutos de descuento

Lo que el fútbol te da y lo rápido que puede devolverte a la cruda realidad. La esencia más pura del fútbol la hemos vivido en el Estadio de la Cerámica, con el Barça perdiendo 4-2 en el minuto 90 y remontando hasta empatar en los 3 minutos de descuento.

 

 

Un partido que se entojaba decisivo tanto para que se decidiera la parte alta de la clasificación como para la crueldad del descenso, no ha defraudado en absoluto ni a propios ni a extraños. Tras la debacle de Vigo, el Villarreal ansiaba y necesitaba una victoria por muy imposible que pareciera, obligado a sacar los 3 puntos sin mirar quién fuera el rival. En este caso no acompañaba, el rival era el Barça y todos los alicientes presuponían una noche más de sufrimiento, como ya viene siendo habitual esta temporada en La Cerámica. Pero no solo se cocía el drama del descenso, sino que los azulgranas también tenían un objetivo muy claro tras ganar el Atlético de Madrid minutos antes y parecer que La Liga todavía estaba algo viva.

Pues sí, con todos estos alicientes y siempre siendo una fecha señalada la visita del equipo culé, echó a rodar el balón en un inicio de partido marcado por las bajas destacadas de Messi, Piqué o Rakitic en el once titular de Valverde.

El arranque del choque lo marcó absoluta y totalmente el Barça, con el control, las ocasiones y el dominio. Tanto es así que en solo 4 minutos y en dos arreones ofensivos, Malcom y Coutinho pusieron el 0-2 en el marcador dejando en evidencia a la defensa amarilla, que estaba fría y poco metida en el encuentro. El palo era duro y quedaban más de 70 minutos por disputarse cuando mirando el electrónico solo se prodía augurar una debacle absoluta y un paseo triunfal blaugrana. Pero no, tuvo que aparecer el canterano y jovencísimo Samu Chukwueze para despertar al Villarreal, darle ritmo, agresividad, mucha verticalidad y ocasiones de peligro que inquietaban a Ter Stegen. El nigeriano se echó al equipo a la espalda, luchó, corrió y de sus botas se generaba el fútbol de los locales. Tras varios sustos en el área azulgrana, Chukwueze anotó el primer tanto amarillo y cambió el partido. A partir de este 1-2, el Villarreal cambió la cara al partido y se hizo con el dominio y el tempo del encuentro. Con su gol, el canterano también metió de lleno a los aficionados que llenaban prácticamente al completo el Estadio de la Cerámica y tanto equipo como afición empezaban a ir de la mano, reaccionando tras los primeros 20 minutos de tromba azulgrana.

Las sensaciones de los amarillos eran positivas y se iban acomodando al partido, pero se topaban una y otra vez con el muro de Ter Stegen bajo los palos. Manos, pies y todo tipo de paradas en un recital del alemán. Era esto lo único positivo para un Barça que, tras los primeros veinte minutos, se diluyó casi por completo y de manera sorprendente y cedió todo el peso del partido a los locales, que encontraban las carencias defensivas en un Umtiti siempre fuera de posición y un desbordado Lenglet en todas las internadas de Chukwueze por su banda. Echaban en falta a los tres pilares que había decidido dar descanso Valverde, tanto Messi por lo mucho que genera su simple presencia en el terreno de juego, como Piqué y Rakitic por ser los jefes destacados en la defensa y medio del campo.

 

 

Se llegaba con el 1-2 al descanso y con la sensación por parte de los amarillos de haber perdonado demasiadas ocasiones claras ante un equipo que te castiga a la mínima. Pero cuando se podía pensar que el descanso habría enfriado el dominio de los de Calleja, el Villarreal volvió a demostrar el equipo que a veces hace pensar que el descenso nunca debiera haber sido una posibilidad. Salió enchufado y con las ideas muy claras, pillando otra vez al Barça con poco fútbol e identidad. De esta manera llegó el empate a 2 con un auténtico golazo de Ekambi, que consiguió engañar a todo el estadio e incluso a Ter Stegen con su golpeo para definir cuando todos esperaban el pase de la muerte para que rematara Chukwueze.

El partido seguía el guión que marcaba el Villarreal, hasta que se volvió a reflejar en goles e Iborra adelantó a los locales. Se empezaba a creer de verdad que era posible conseguir un respiro hacia la permanencia a costa del líder de La Liga, pero este estado se incrementaba todavía más con el 4-2 de Bacca en el minuto 80 culminando una asistencia de pura magia de Cazorla, con una definición exquisita dejando atrás a toda la defensa azulgrana e incluso al portero que había parecido imbatible en el inicio del choque.

Minuto 80 de partido, poco más de 10 por disputarse y dos goles de ventaja. Todo hacía apuntar a que los 3 puntos amarillos ahora ya sí eran una posibilidad real. Lo que no contábamos era con que ahora ya sí estaba Messi sobre el verde y que todo podía ocurrir. Así fue, en el minuto 85 Álvaro se autoexpulsa con una dura entrada sobre Luis Suárez en el medio del campo y sabiendo que ya acumulaba una amarilla. Irresponsabilidad y poco sentido dejar a tu equipo con uno menos y a falta de 5 minutos para conseguir los que podrían haber sido los 3 puntos más importantes de la temporada. A partir de esta acción, todo se lo que vino fue de infarto.

Messi, en el 90, colocó una falta en la frontal del área dentro de la portería de Asenjo con un tiro magistral, soberbio y sin despeinarse. 4-3, minuto 90 de partido y 3 por disputarse del descuento. Todavía un gol de ventaja que defender, no dejar jugar y mantener por la vitalidad de conseguir los puntos que te elejaran del descenso.

Ocurrió todo lo contrario, lo que parecía imposible se convirtió en realidad y el Barça anotó el empate a 4 en el último balón del partido. Suárez empaló un rechace despedido del último córner para superar por cuarta vez en la noche a Asenjo y desatar el estado de decepción absoluta en el Villarreal y en todo el Estadio de la Cerámica.

 

La lectura del final del partido es apoteósica pero técnicamente analizable. Lo primero, la expulsión de Álvaro a 5 minutos del final es absolutamente innecesaria por ser en el medio del campo, con Suárez de espaldas y sin peligro alguno, además de la irresponsabilidad de dejar a tu equipo con 10 a falta de tan poco de conseguir un objetivo vital y con el peligro de tener enfrente a uno de los mejores equipos del mundo que pueden convertir 5 minutos finales en todo un mundo, conforme se comprobó. A continuación, el córner en el que Suárez remata y anota el gol del empate definitivo, se produce por un despeje de Mario Gaspar con el espacio suficiente para despejar hacia la banda y no hacia la línea de fondo. Y por último y no así menos importante, delante estaba el Barça y Leo Messi. Comprobado está que todo podía pasar.

 

 

Heroicidad solo al alcance de Leo Messi y vuelta a la crueldad del descenso. La vuelta al infierno para el Villarreal ha sido tan rápida como la proximidad del próximo partido, también de absoluta vitalidad sea el rival que sea. En Sevilla y en el Benito Villamarín, nuevo objetivo para la ansiada y muy cara permanencia en Primera División.

 


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